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miércoles, enero 11, 2012

UNA DE LAS QUE MÁS ME GUSTAN




Voy a montar un caballo que sepa el camino a casa
Sera lento y perfumado, el camino y el caballo
Montare en pelo el perfume y llegaremos temprano,
con semejante caballo no va a haber jinete malo.

Vos estaras esperando con toda la casa abierta
y el sol en las alacenas arma un sistema de estrellas,
nuestras tazas son planetas que giran por la madera
y un dia dura una vuelta del sol a la azucarera

Mientras esta noche dure, y espero al caballo en vela,
te voy pensando en silencio sin conocerte siquiera
Ya te regalare mis cosas, las que tuve, tengo y tenga
pues no quiero tener nada para el momento en que vengas.

Vos ya me estas esperando con toda la casa abierta
y el sol en las alacenas arma un sistema de estrellas,
nuestras tazas son planetas que giran por la madera
un dia dura una vuelta del sol a la azucarera
y un siglo ira en lo que lleve ir de una siesta a otra siesta

Voy a montar un caballo que sepa el camino a casa
Sera lento y perfumado, el camino y el caballo

GABO FERRO

Excelente tema del disco El hambre y las ganas de comer
Musica: Gabo Ferro
Letra: Pablo Ramos CODEINA
Como la huella que nunca dejan
los pajaritos las comadrejas
soy una nube soy una estrella
un condenado arriba de un vagon.

Dos bolsas negras bajo los ojos
un gato chueco otro pelirrojo
un arcoiris un arco y flecha
soy candidato a la crucifixion.

Y en el cielo dibujo anzuelos
y en los baños falos extraños
y en las nubes gordos querubes
tengo la lengua como el camaleon.

subo ascensores bajo escaleras
rodilla rota rodilla entera
cinco jarabes de codeina
la cocaina mama era peor.

Hay un museo en un mausoleo
que dice loco pronto te espero
hay una nota y es un silbido
que va a llevarme derecho al olvido.

LA CASA - NUESTROS DISCOS

Fundamos nuestra casa comprandonos los discos,
poniendo nuestros nombres juntos en cada tapa,
y ahora que la casa se a llenado de ruido
la musica se marcha y se lleva los discos consigo

En la estampida tiembla lo que debe decirse
y asi nos separamos sin hablar de los discos.
Una tapa en tu bolso con su disco en el mio
y asi se fue quedando, solos, rayados, partidos

Una familia es pobre solo mientras se desgarra.
Hay grietas en las cajas, hay estuches partidos,
las tapas sin sus discos, los discos sin sus cajas,
las letras se han perdido y si aparecen se escapan.

Y asi quedo la casa que alguna vez fundamos,
partido por los discos que alguna vez unimos.
Quebrados, separados, regalados, perdidos,
las tapas con borrones sobre tu nombre o el mio

PERSONAJES QUE ME GUSTAN

Me siento identificada con tu pensamiento Gabo Ferro.


Gabo Ferro, músico e historiador antisistema

“Debería llamar la atención la alegría”

 

Un día abandonó su banda hardcore en medio de un recital. Escribió sobre Rosas y Perón por fuera de la academia y hace unos años volvió a cantarle, entre otras cosas, a la tristeza. Por qué defiende la “piratería”. Y el sueño de vivir en la naturaleza no domesticada.
 
 


Militancia. Ferro actualiza el compromiso rockero en cuestiones de “raza, clase y  género”.
El encuentro es en La Academia, que nunca cerró sus puertas desde que abrió en 1930. Gabo Ferro, sentado en una mesa contra la pared del bar, toma agua y espera pacientemente. “Vengo de tirar una pared abajo de mi casa con una maza. Necesitaba más espacios y eso me da más luz y aire. Estoy con un pie en el campo, me estoy por ir a una especie de retiro para encontrarme de nuevo con lo importante, lo que está dado en el grado cero de las cosas: la naturaleza, el aire, el sol, las plantas. Pero no en el sentido burgués del jardincito, sino de la naturaleza no domesticada”. Gabo vuelve para su recital en la Ciudad Cultural Konex, el 15 de enero, donde presenta su nuevo disco La aguja tras la máscara. Pese a un cartel en la puerta que prohíbe el ingreso de vendedores ambulantes, una mujer se acerca a la mesa con unas biromes: “Si uno levanta un poco la mirada y ve esto que acaba de suceder, es muy difícil no ponerse triste. Es inevitable si levantás un poco la mirada”.
–¿En tu nuevo disco hablás de tristeza y terror?

–Sí. El disco arranca diciendo que lo que te da terror te define mejor. Y tiene también la negación: si esta realidad no tiene que ver conmigo, no pasa, no sucede. Eso es lo opuesto a como soy yo. También, traté de enfrentarme con la depresión o la melancolía. El deprimido que está medicado o atrapado en una red, el emo o el dark, son su expresión industrializada. El melancólico, que es una especie de triste pero con encanto, se le cae una piedra en el pie y en lugar de pegar el grito se pone a pensar en la gravedad de la situación. Y el triste es consciente de lo que le pasa y sabe que tiene que atravesarlo. Los tres están afectados por cosas de las que nunca se habla pero están siempre presentes. Es como el ruido de la heladera que cuando se apaga decís: “Uh, nos estábamos ensordeciendo”. El melancólico, el emo, el dark no distinguen el ruido de la heladera, pero el triste sabe que está.

–Diferenciás lo importante del “sentido burgués del jardincito”.

–Es lo que supuestamente hay que tener para alcanzar cierto grado de felicidad: pareja, hijos, casa y coche, todos patrones sociales burgueses que aparecen como el camino a la felicidad. Gran parte de la infelicidad que no para de crecer es por una felicidad canónica que supuestamente hay que alcanzar. Y se va la vida detrás de cosas que por ahí son la felicidad de algunos pero no la nuestra, que es justamente la celebración de la subjetividad, el secreto para la alegría y lo superior. La subjetividad es una de las cosas más peligrosas que hay en una sociedad como la nuestra, que se conforma por patrones comunes en la mayor cantidad de individuos. En mi caso, irme al campo, a una casa de retiro, y encontrarme con la naturaleza en silencio, me funciona. Encuentro alegría, sosiego y, creo, momentos de felicidad. Otro podrá descubrirlo en una discoteca a las cinco de la mañana en Palermo Soho.

–En tu libro Degenerados, anormales y delincuentes planteabas el tema del canon.

–Me interesaba saber cómo el canon construye la normalidad. Me parecía tan ambicioso eso que decidí seguir el derrotero de la llegada de un concepto y ver cómo se iba modificando con el tiempo. Tomé el concepto de degeneración y normalidad que llega en el fin del siglo XIX como la gran cosa nueva, pero en algún momento no existía y así como empezó, debe estar empezando con otras cuestiones. Son herramientas terribles. Porque son tan poderosas que al enunciar y etiquetar colocan en un lugar que pocas veces pueden desestigmatizarse. ¿Cómo explicás que, por más que uses una gorrita de tal manera, no sos un chorro? Funcionó y sigue funcionando.

–¿Cuál fue el disparador de Barbarie y Civilización? 

–Me interesaba mucho Juan Domingo Perón, que por los contras siempre fue definido como la segunda gran dictadura. Juan Manuel de Rosas sería la primera. Y me acuerdo de ver en un video a Félix Luna diciendo: “Basta, ya no se puede decir nada más del tema, ya aparecieron todos los papeles, todos los documentos, me tienen harto con el tema Rosas”. Me recontra calenté: nadie puede cancelar un tema. Empecé a mirar el tema Rosas desde los nuevos métodos y empecé a barajar esos documentos prestigiosos con chapas, retratos, caricaturas, pasquines, un montón de detritus documental para la Academia, y aparecieron cosas. Lo recurrente era la sangre, los monstruos y vampiros todo el tiempo contra Rosas. En el último capítulo reviso que todo eso se conforma desde Montevideo por los intelectuales que, por supuesto, estaban en su contra. Cien años después se escribe un cuento con ese material, “La fiesta del monstruo” de Borges y Bioy, en una revista desde Montevideo contra Perón. 

Cuenta la leyenda que el 31 de marzo de 1997 Gabo Ferro se quedó mudo. Fue en un recital en el Hotel Bauen con su ex banda hardcore, Porco. En el tercer tema el músico se quedó callado, dejó el micrófono en el suelo y se fue: “Regalé los discos, vendí la guitarra, el micrófono, no fui más a conciertos. Pasaba todo el día leyendo, escribiendo. Nada que ver con la música, ni con letras de canciones”. En ese intervalo hizo el grado y el posgrado en Historia: “En la facultad me decían ‘Mudo’. No tenía nada para decir. Estaba triste. Fueron muchos años con la banda, pensaba que nos íbamos a poner viejos juntos. Pero había dos miradas irreconciliables: una era tener un sello multinacional y ser soporte de todas las bandas que venían de afuera, pero para mí eso no funcionaba, aunque no tenía idea de cómo ni por dónde ir.”

–En 2004 volviste a la música. ¿Encontraste cómo?

–Sí. Es un contrato conmigo mismo: hago todo lo que quiero y lo que me da alegría. Los discos se acompañan, se editan afuera, en vinilo. ¿Qué más quiero? Cuido mucho el hecho de la “popularidad”, más que otra cosa. Me encantaría que viniera un sello a decir ‘te ponemos toda esta plata para hacer el disco, hacelo como vos sabés’. Pero tienen sus productores asociados, sus radios y canales de divulgación, y tratan de civilizarte y hacerte un producto. Una gaseosa, un jabón está bien, pero la música como producto… me pica un poco.

–¿Preferís hablar desde la tristeza?

–Nunca entiendo por qué no le preguntan a los Auténticos Decadentes qué les sucede a ellos con la alegría o la fiesta. Debería llamar la atención lo otro. La cuestión que me interesaba tratar para la escritura de las letras de las canciones eran los temas que no estaban en el tapete de las canciones contemporáneas. Y siempre bromeo y digo: “Este tema sobre la muerte, “Con su perfume y su olor”, se lo ofrecí a Miranda y no lo quisieron hacer”.

–¿Por eso hablaste alguna vez de un rock estúpido?

–No recuerdo, pero podría ser. No sé si estúpido, pero en un momento se empezó a divulgar, sobre todo cuando el rock se industrializa en la segunda mitad de los ’70 que la letra se terminaba en el estudio, no importaba. Y la letra entró en una desvalorización que se recontra reforzó diez años después con la llegada de la democracia, con la idea de “ya fue mucho bajón, es el tiempo de la fiesta”. Se canta ‘hay que hacer la cola, mueve tu cucu’. Con el menemato, la letra no importó más, surgieron los corralitos literarios. Con este perfume que empezó en el 2000, la letra está empezando a decir.

–¿Cuál es ese perfume?

–La cuestión económica, y empezamos ahí con el bombardeo de que se vayan todos, Cromañón, corralito y la realidad se imponía de una manera que había que pensarla de todos los lugares posibles. También tuvo que ver la revolución digital. En el ‘90 no podías grabar un disco en tu casa ni en una compu. Fue tecnológicamente una revolución. 

–¿Qué opinás de la piratería?

–Como músico independiente, la defiendo. Si no, mis discos no hubiesen recorrido tantos lugares y no vendría tanta gente a mis conciertos. Además, la gente sigue comprando discos o no se editarían.

–¿Desde dónde sostenés la militancia en el rock?

–En las políticas que no se están atendiendo o no se atendían hace unos años. Tengo contacto con los viejos que estuvieron en la movida de Buenos Aires. Pipo Lernoud es con el que más me veo. Los reclamos que tenían eran de una militancia político- partidaria, que vuelva Perón o sobre el Che Guevara. Sería aburrido, anacrónico, panfletario que cantara lo mismo ahora. Y sería incoherente si no pensara y no estuviera militando dentro de ciertas cuestiones. Creo en esa cosa ‘mayofrancecesca’ de ser parte de la solución o del problema. Las políticas que atiendo son raza, clase y género. Y desde ahí es una buena plataforma para que se empiece a cocinar la sopa. Pero no como un programa político, se da por añadidura como consecuencia del trabajo de uno.

–También dijiste alguna vez que estás “acostumbrado a ganar por afano o perder por goleada, no a empatar”.

–Por eso todavía me afilio al rock y soy bastante crítico con la mirada de mis contemporáneos. La escena musical se conforma entre los que tenemos que matar a los mayores, metafóricamente desde ya, y los mayores que tienen que luchar para no caer. En esa pugna se debe dar la escena. Si algo heredé del punk, del hardcore, es creer eso. No me sale grabar con Charly García, lo admiro pero no me sale. Tengo que empujarlo de la silla y correrlo, que dé lugar. No porque sea Charly, pero tenemos un discurso que no tiene nada que ver. Y esa lucha es noble. Es la lucha de la historia en definitiva, de discursos viejos con discursos nuevos o discursos renovados.